La "Ale" simplemente lo tiene todo: una voz de soprendente pureza, precisión y alcance, un rango tonal y dinámico extensivo, imaginación, produndidad y gracia, combinadas con un carisma
que la vuelven única. Suele atacar sus obras con la concentración de una tenista que saca su segundo servicio, y se mueve por las escalas tonales como si subiera a la red para volear una pelota corta del rival y luego retrocediera a responder un globo.

Alejandra alcanzó notoriedad mundial cuando el Papa la convocara para cantar el Ave María en la Catedral de San Pedro en Roma, y durante años fue la voz obligada en las bodas de la realeza de Europa. Cuando ya había conquistado el mundo y recibido todos los galardones imaginables, dijo: "Lo único que me falta para ponerle un broche de oro a mi carrera es cumplir el gran sueño de mi vida, que es integrar el Coral Saint Thomas". Al día siguiente fue convocada por su director, el maestro Alex Herrera.
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